YAKUKAMAK : la lucha por el cuidado del agua

YAKUKAMAK

Una publicación de Euro Latin Cooperation APS, que pone en valor la defensa del agua como bien común y el cuidado ancestral de la naturaleza, narrando la lucha de las comunidades andinas por la vida, el territorio y la justicia ambiental.

El agua, un bien común para las poblaciones que han mantenido su unión ancestral, vital y recíproca con este elemento de la naturaleza, es considerada un recurso hídrico de abastecimiento para la industria alimentaria textil y energética, entre muchos otros usos en diversos sectores. Sectores industriales que, como si de conquistadores imperiales se tratara, se han apropiado de un bien común de la humanidad para su propio beneficio. Si bien muchos de los productos y servicios proveen a las familias de luz y agua, el presente nos está avisando de que ni el consumo debería ser tan elevado, ni existe una conciencia real sobre la repercusión de este modelo industrial. En especial, sobre las consecuencias para los territorios y poblaciones del Sur Global.  

El agua, en la comunidad de Rumipata y Llangahua , en los andes ecuatorianos, es un elemento vertebrador del equilibrio del páramo habitado por la comunidad, que venía reclamando como bien común desde hace décadas. Esta realidad es la que refleja el documental realizado por Mullu; un colectivo de cineastas, comunicadorxs, periodistas y defensorxs de los pueblos indígenas y su territorio, como parte del proyecto “Biodiversity and ecosystem protection driven by environmental justice”. 

Tras años de explotación ganadera por parte de terratenientes, la comunidad consiguió ganar dos juicios a favor de su derecho a habitar su territorio y cuidar de él. Fue tras el asesinato de Cristobal Jakaña, defensor comunitario, cuando consiguieron ostentar su derecho al territorio. Esta es la historia de la comunidad de Rumipata y Llangahua, y de la vida devuelta a la tierra. Durante las históricas décadas en las que el páramo era propiedad de los terratenientes, la explotación ganadera había provocado un daño aparentemente irreversible, sobre todo como consecuencia del pastoreo de cerdos, pues arrasaban con la hierba, elemento fundamental para el mantenimiento del agua en la tierra. Por ende, el terreno fue debilitándose, el páramo parecía desaparecer y el agua escasear. 

La comunidad, tras recuperar su derecho a cuidar del páramo y tras arduas reuniones y discusiones, consiguió llegar a un acuerdo. Dejar de lado el pastoreo de cerdos y ovejas, perjudicial para el páramo, y promover el cuidado del agua en el territorio. Desde que cambiaron su forma de vivir y producir, la tierra vuelve a cobrar vida, pues el agua fluye. El terreno recupera su verde capa y la vegetación plantada por los comuneros destaca a la luz del sol. Si bien es un trabajo que debe ser mantenido en el tiempo, todos respiran satisfechos. Y, aunque ciertas discusiones y tensiones aparecieron, ahora pueden mirarse tranquilos y saber que, gracias a su fe en la comunidad y la ayuda mutua entre ellos y con la naturaleza, pueden disfrutar del territorio que les fue arrebatado. 

Su producción ya no está guiada por la búsqueda insaciable de beneficios propios y recursos para vivir, sino en el mantenimiento del equilibrio vital en el páramo. Al reducir el número de ganado y realizar otras actividades de cuidado del agua, ensalzan su propia cosmovisión desde la experiencia vivencial. Siguiendo el principio de la relacionalidad de todos los elementos de la naturaleza, el ser humano no puede sobrevivir de manera individual, sino que debe ser un plenum con el resto de seres  vivos e inertes que habitan en el páramo. Durante la época de máxima explotación ganadera, quedó demostrado que su producción intensiva perjudicaba a la comunidad y a la tierra, como consecuencia de la escasez de agua. En cambio, al priorizar la relacionalidad de los elementos naturales, y no primar la búsqueda de beneficio propio, sino el mantenimiento del equilibrio del páramo, todo cambió. A través del cuidado, protegen la tierra, la familia, la comunidad, los animales y las plantas… unidos por un elemento común que guía su vida; el agua.

En un mundo en el que la esperanza para el cambio parece desvanecerse, dar voz y conocer las historias de aquellas poblaciones y comunidades que enfrentan la realidad imperante es esencial. Son muchas las teorías y reflexiones para el desarrollo humano sostenible que surgen desde distintas regiones, disciplinas, especialistas y oradores. Esta que estoy escribiendo puede considerarse una más de las tantas que encontramos en la actualidad. Pero, aunque podamos pensar, aportar, debatir y confrontar y a pesar de nuestras buenas intenciones, solo me queda añadir que; el cambio no es discursivo, sino vivencial, y continúa surgiendo en las bases de la sociedad civil, unida en comunidad.   

Lidia Barriga García

Link al documental YAKUKAMAK: https://www.youtube.com/watch?v=QGLWMyonufc

Loading